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Evaluación neuropsicológica infantil

Un estudio detallado para entender cómo piensa, aprende y se comporta tu hijo, qué le cuesta, por qué, y qué hacer en casa, en la escuela y en terapia.

¿Para quién es?

Para niños, adolescentes y jóvenes de 2 a 21 años con dificultades de atención, aprendizaje, lenguaje, conducta o desarrollo, y para quienes han tenido una condición médica que puede afectar su aprendizaje, como un nacimiento prematuro, epilepsia o un golpe en la cabeza.

¿Qué evaluamos?

Capacidad intelectual, atención, funciones ejecutivas, memoria, lenguaje, lectura, escritura y cálculo, habilidades visoespaciales, motricidad, conducta, emociones y autonomía.

¿Qué puede confirmar o descartar?

TDAH, autismo, dislexia, discalculia y otros trastornos del aprendizaje, trastornos del lenguaje y discapacidad intelectual. Cuando no hay un trastorno, también te lo explicamos, junto con lo que sí puede estar pasando.

¿Cómo es el proceso?

  1. 1

    Entrevista con los padres

    Historia del desarrollo, salud, escuela y familia.

  2. 2

    Revisión de documentos

    Boletas, reportes de maestros, evaluaciones y estudios previos.

  3. 3

    Sesiones con tu hijo

    Sesiones de 50 minutos con actividades en formato de juego.

    8 a 12 horas en total
  4. 4

    Cuestionarios

    Para padres y maestros.

  5. 5

    Sesión de devolución

    Te explicamos los resultados, con tiempo para tus preguntas.

  6. 6

    Informe escrito

    Resultados, conclusiones y recomendaciones al finalizar.

¿Qué recibes?

  • Una explicación clara de las fortalezas y dificultades de tu hijo.
  • El diagnóstico, cuando corresponde.
  • Recomendaciones concretas para casa, escuela y terapia.
  • Con tu autorización, información para la escuela y los médicos que lo atienden.

¿Cómo preparar a tu hijo para la evaluación? Te lo explicamos más abajo en esta página.

Todo sobre la evaluación

La evaluación neuropsicológica infantil

Es un estudio detallado de cómo piensa, aprende, recuerda, se comunica, se mueve y se regula un niño. No busca solo un diagnóstico: busca entender por qué le cuesta lo que le cuesta, cuáles son sus fortalezas y qué hacer en casa, en la escuela y en terapia.

Contenido basado en Ida Sue Baron, Neuropsychological Evaluation of the Child: Domains, Methods, and Case Studies, 2.ª ed. (Oxford University Press, 2018).

Lo que conviene saber

Ninguna prueba lo dice todo

La evaluación reúne la historia del niño, la observación, varias pruebas, cuestionarios e información de la escuela. Una conclusión se sostiene cuando varios datos apuntan en la misma dirección.

Más que un número

El coeficiente intelectual es un dato útil, pero no explica cómo aprende un niño ni dónde tropieza. Lo valioso es el perfil completo de fortalezas y dificultades.

Un resultado bajo no es un diagnóstico

Es normal que un niño sin dificultades tenga alguna puntuación baja. En una batería de memoria, más de un tercio de los niños sanos obtuvo al menos una.

Esperar tiene un costo

Identificar a tiempo permite dar apoyos antes de que se acumulen el rezago escolar, la frustración y los problemas emocionales que suelen acompañarlos.

Un estudio normal no lo descarta todo

Una resonancia o un electroencefalograma normales no descartan dificultades de atención, memoria o aprendizaje. Miden cosas distintas y se complementan.

Su propósito es práctico

Termina en recomendaciones concretas y deja un punto de comparación para seguir el desarrollo del niño a lo largo del tiempo.

Motivos de consulta

¿Cuándo conviene una evaluación?

En la escuela

  • Le cuesta aprender a leer, escribir o hacer cuentas, aun con apoyo.
  • Su rendimiento es más bajo de lo que se esperaría y nadie ha encontrado la razón.
  • Olvida con frecuencia tareas, materiales o instrucciones.
  • Hay diferencias muy marcadas entre materias o entre lo que hace en casa y en el salón.

En el desarrollo y la conducta

  • Tarda en hablar, en comprender o en coordinar sus movimientos.
  • Se distrae, actúa sin pensar o le cuesta organizarse más que a otros niños de su edad.
  • Tiene dificultades para relacionarse o cambios de conducta que preocupan.
  • Se queda con la mirada fija y no responde por momentos. Conviene comentarlo también con su pediatra o neurólogo.

Por una condición médica

  • Nacimiento prematuro, epilepsia, golpes en la cabeza, tumores y su tratamiento, cardiopatías congénitas o condiciones genéticas.
  • Para conocer cómo la condición o su tratamiento afectan el aprendizaje y la conducta.
  • Para tener un punto de partida antes o después de un tratamiento.

Para planear y dar seguimiento

  • Diseñar un plan de rehabilitación o de apoyos escolares.
  • Comparar su evolución con una evaluación anterior.
  • Obtener una segunda opinión antes de tomar decisiones escolares.

Detección temprana y evaluación completa no son lo mismo

Una detección breve sirve para identificar a los niños en riesgo, tener una línea base y darles seguimiento. Sin embargo, observa pocas conductas y puede pasar por alto información importante. Cuando ya existe una pregunta diagnóstica, lo indicado es una evaluación completa.

Ante la duda, es mejor evaluar a tiempo que esperar a que la dificultad crezca.

Para las familias

Preguntas frecuentes

¿Qué se evalúa?

No siempre se exploran todas las áreas con la misma profundidad. Las pruebas se eligen según la pregunta que motivó la consulta, la edad del niño y lo que se va observando durante las sesiones.

Razonamiento

Capacidad intelectual

Cómo razona con palabras y con imágenes, qué conocimientos ha acumulado y con qué eficiencia trabaja. Da el marco para interpretar lo demás.

Es un punto de partida: dos niños con el mismo CI pueden tener perfiles muy diferentes.

Atención y velocidad

Atención

Si logra enfocarse, ignorar distracciones, mantenerse atento, atender dos cosas a la vez y cambiar de actividad, y a qué ritmo procesa la información.

Empieza bien la tarea y, a los pocos minutos, comete cada vez más errores.

Autorregulación

Funciones ejecutivas

Planear, organizarse, frenar impulsos, cambiar de estrategia, tener información en mente mientras trabaja y regular sus emociones para alcanzar una meta.

Sabe lo que tiene que hacer, pero no logra empezar, se pierde a medio camino o se desespera.

Comunicación

Lenguaje

Comprensión, expresión, vocabulario, capacidad para nombrar y encontrar palabras, repetición y manejo de los sonidos del habla, que son la base de la lectura.

Entiende instrucciones cortas pero se pierde en las largas, o con frecuencia “tiene la palabra en la punta de la lengua”.

Aprendizajes escolares

Lectura, escritura y cálculo

Cómo lee, escribe y resuelve operaciones, y qué procesos explican sus errores.

Lee despacio y con mucho esfuerzo, aunque entiende bien cuando alguien le lee.

Aprendizaje y recuerdo

Memoria

Cómo aprende y recuerda palabras, historias, figuras y lugares, cuánto retiene con el tiempo y si recuerda hacer lo que había planeado: “acordarse de acordarse”.

Estudia, pero en el examen no recuerda; o hace la tarea y olvida entregarla.

Percepción visual

Habilidades visoespaciales

Cómo percibe formas, detalles y distancias, cómo se orienta y cómo organiza lo que ve para copiar, dibujar o armar.

Se pierde en lugares conocidos, le cuesta copiar del pizarrón o acomodar el trabajo en la hoja.

Movimiento y sentidos

Motricidad y sensopercepción

Coordinación gruesa y fina, rapidez y precisión de cada mano, lateralidad, escritura a mano y reconocimiento de lo que percibe por el tacto.

Es torpe en los deportes, tarda mucho en escribir o su letra es difícil de leer.

Emociones y vida diaria

Conducta y autonomía

Estado de ánimo, ansiedad, conducta, relaciones y habilidades de la vida diaria, con entrevistas y cuestionarios para padres, maestros y, según la edad, el propio niño.

La ansiedad o la tristeza también pueden bajar la atención y el rendimiento.

Para que los resultados sean justos

  • Antes de concluir que hay un problema de lenguaje o de atención, se confirma que el niño vea y oiga bien.
  • Si tiene dificultades motoras, se usan pruebas que no dependan del movimiento, para no subestimar sus otras capacidades.
  • Si en casa se habla otro idioma, se toma en cuenta su historia con cada lengua y se evalúa en la que mejor domina.
  • El cansancio, el hambre, una enfermedad que empieza, la ansiedad o la falta de motivación pueden bajar los resultados. Por eso se observa también su esfuerzo y se revisa que los resultados reflejen lo que realmente puede hacer.

Cada área se interpreta junto con las demás: una misma dificultad puede tener causas muy distintas.

¿Cómo preparar a tu hijo para la evaluación?

Los resultados son más confiables cuando el niño llega tranquilo, descansado y sabe a qué va.

Antes de la cita

  • Explícale con palabras sencillas que hará actividades y juegos para conocer cómo aprende: qué hace muy bien y qué le cuesta.
  • Aclárale que no es un examen: no se aprueba ni se reprueba, y está bien no saber alguna respuesta.
  • Dile que no habrá inyecciones ni revisiones médicas.
  • Que llegue descansado y con algo en el estómago. Si se enferma, es mejor cambiar la cita.
  • Si usa lentes o aparatos auditivos, que los traiga.
  • Si toma algún medicamento, coméntalo al agendar para acordar si lo toma ese día como de costumbre.
  • Trae boletas, reportes de maestros, evaluaciones anteriores, estudios médicos y algún cuaderno reciente.

Mejor evitar

  • Presentarla como un castigo o como “ir al doctor”.
  • Ponerlo a estudiar o a practicar: no se trata de demostrar lo que sabe, sino de ver cómo resuelve.
  • Quedarse en el cuarto durante las pruebas. La presencia de un observador, aunque sea un familiar, tiende a bajar el rendimiento, sobre todo en atención y memoria. Con bebés y niños muy pequeños se acuerda cómo hacerlo.

Separarse de mamá o papá. Hacia los 4 años la mayoría de los niños entra sin problema a la sesión. Con los más pequeños o con los más ansiosos se busca la manera de que se sientan seguros, y siempre saben cuándo volverán a ver a sus papás.

Un niño que llega tranquilo muestra mejor lo que realmente puede hacer.

Ideas que conviene aclarar: mitos frecuentes

“Mientras más pequeño, mejor se recupera el cerebro.”

Es uno de los mitos más persistentes de la neuropsicología infantil. En muchos casos, una lesión a edad temprana afecta habilidades que todavía no se habían desarrollado, y su impacto puede ser mayor.

“Está muy chiquito, hay que esperar a que madure.”

Esperar sin evaluar retrasa los apoyos. Evaluar tampoco obliga a poner una etiqueta: a veces confirma que el desarrollo va bien y da tranquilidad.

“Si la resonancia salió normal, no tiene nada.”

Los estudios de imagen y la evaluación neuropsicológica miden cosas distintas. Una imagen normal no descarta dificultades de atención, memoria o aprendizaje, y una imagen alterada no dice por sí sola cómo funciona el niño.

“El CI lo dice todo.”

Ya en 1935 el psicólogo Joseph Jastrow advertía que el CI es una herramienta útil “y nada más”. Las pruebas de inteligencia no detectan bien algunas dificultades, como las relacionadas con los lóbulos frontales, y un niño con CI promedio puede tener problemas importantes de atención, memoria u organización.

“Una puntuación baja significa un trastorno.”

Todos los niños tienen altibajos entre pruebas. Una puntuación baja aislada es frecuente en niños sin dificultades; lo que cuenta es el patrón completo y que coincida con lo que pasa en su vida diaria.

“Si ahora le va bien, ya no tendrá problemas.”

Algunas dificultades aparecen cuando la escuela empieza a pedir habilidades más complejas. Por eso, en ciertos casos, se recomienda volver a evaluar en etapas clave del desarrollo.

“Hay que esperar seis meses para volver a evaluar.”

No existe un plazo fijo. Depende de la pregunta, de la condición del niño y de las pruebas que se usen; el neuropsicólogo decide cuándo y con qué instrumentos repetir la evaluación.

“Si habla dos idiomas y se tarda en hablar, tiene un trastorno.”

En preescolares bilingües es esperable que el lenguaje avance más despacio en cada idioma. Hay que evaluarlos con cuidado, tomando en cuenta ambas lenguas y sus habilidades no verbales, para no confundir ese ritmo con un trastorno del lenguaje.

Una evaluación bien hecha sustituye las suposiciones por información sobre tu hijo.

Fuente

Baron, I. S. (2018). Neuropsychological Evaluation of the Child: Domains, Methods, and Case Studies (2.ª ed.). Oxford University Press.

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