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Guía para padres

Trastorno del espectro autista

El autismo es una forma distinta de desarrollarse que afecta la comunicación y la interacción social, y que se acompaña de intereses, conductas y reacciones sensoriales particulares. Es un espectro: no hay dos niños con autismo iguales. Con una detección oportuna y los apoyos adecuados, cada niño puede avanzar mucho.

Contenido basado en Fred R. Volkmar, Sally J. Rogers, Rhea Paul y Kevin A. Pelphrey (eds.), Handbook of Autism and Pervasive Developmental Disorders, 4.ª ed., vol. 1 (Wiley, 2014), con cifras y evidencia actualizadas.

Lo que conviene saber

Se puede detectar temprano

La mayoría de los padres nota algo distinto antes de los 2 años. Un diagnóstico hecho a esa edad por un especialista con experiencia suele mantenerse con el tiempo.

Cada niño es distinto

Hay niños con autismo que no hablan y otros con un vocabulario amplio; algunos tienen discapacidad intelectual y otros capacidades sobresalientes. Por eso los apoyos se diseñan a la medida.

Nadie tiene la culpa

El autismo no lo causa la forma de criar ni las vacunas. Tiene una base biológica, sobre todo genética.

Hay que atender todo el cuerpo

Son frecuentes los problemas de sueño, digestivos, la epilepsia, la ansiedad o el TDAH. Atenderlos mejora el bienestar y la conducta.

La intervención temprana ayuda

Los programas que aprovechan el juego y las rutinas diarias, con la participación de los padres, son los que tienen el respaldo más consistente.

Las fortalezas también cuentan

La memoria, la percepción visual, la atención al detalle y los intereses intensos pueden ser la puerta para aprender y para hacer amigos.

Definición

¿Qué es el trastorno del espectro autista?

Es una condición del neurodesarrollo que se identifica por la conducta, porque todavía no existe un análisis de sangre ni un estudio de imagen que la diagnostique. Desde 2013, el manual diagnóstico DSM-5 reúne en un solo diagnóstico lo que antes se llamaba autismo, síndrome de Asperger y trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Para diagnosticarlo deben estar presentes características en dos áreas:

Comunicación e interacción social

Se requieren las tres:

  • Dificultad para compartir intereses, emociones y conversaciones.
  • Diferencias en la comunicación no verbal: mirada, gestos, expresiones de la cara.
  • Dificultad para hacer, mantener y entender relaciones, según la edad.

Conductas e intereses repetitivos

Se requieren al menos dos:

  • Movimientos, uso de objetos o habla repetitivos.
  • Apego intenso a rutinas y malestar ante los cambios.
  • Intereses muy intensos o poco comunes.
  • Reacciones mayores o menores de lo esperado a sonidos, texturas, luces u olores, o fascinación por ellos.

El diagnóstico indica además el nivel de apoyo que necesita el niño en cada área (1, 2 o 3), si hay discapacidad intelectual o trastorno del lenguaje, y si se asocia con alguna condición médica o genética, como la epilepsia o el síndrome de X frágil.

Frecuencia
1 de cada 31 niñosNiños de 8 años en EE. UU., CDC 2025. En León, Gto., se estimó 1 de cada 115 (2016)
Primeras preocupaciones
Antes de los 2 añosEn 80 a 90% de las familias
Diagnóstico confiable
Desde los 2 añosHecho por un clínico con experiencia
Influencia genética
Muy altaHermanos: riesgo cercano a 1 de cada 5

Es un espectro: el diagnóstico es el punto de partida para conocer a cada niño, no una descripción completa de él.

Detección temprana

Las primeras señales

Las familias notan las primeras diferencias en momentos distintos: cerca de 1 de cada 5 antes de los 10 meses, 2 de cada 5 entre los 11 y los 17 meses, cuando deberían aparecer el señalar y las primeras palabras, y el resto a partir de los 18 meses. A los 6 meses las señales suelen ser muy sutiles; hacia los 12 meses empiezan a ser más claras.

En el primer y segundo año

  • Responde poco o de forma irregular a su nombre, aunque oye bien.
  • Casi no señala para mostrar algo ni sigue con la mirada lo que otros señalan.
  • Busca a los adultos sobre todo para pedir o para que lo ayuden, pocas veces para compartir.
  • Usa la mano del adulto como herramienta para alcanzar lo que quiere.
  • Poco contacto visual, pocas sonrisas dirigidas y pocos gestos.
  • Imita poco los gestos, sonidos y juegos de los demás.

Entre los 2 y los 3 años

  • Retraso del lenguaje, o lenguaje con entonación poco común y repetición de frases escuchadas (ecolalia).
  • Poco juego simbólico: no “da de comer” al muñeco ni juega a “hacer como que”.
  • Ignora o evita a otros niños, o se acerca a ellos de forma poco habitual.
  • Alinea objetos, gira ruedas, observa objetos muy de cerca o repite movimientos como aletear.
  • Se altera mucho con cambios pequeños de rutina.
  • Reacciona con mucha intensidad a ciertos sonidos o texturas, o parece no notar el dolor.

Si pierde habilidades, consulta de inmediato

Algunos niños se desarrollan de forma aparentemente típica y después dejan de avanzar o pierden palabras o interés social, con mayor frecuencia alrededor de los 18 meses. Esto se reporta en alrededor de 1 de cada 5 niños con autismo. Perder habilidades a cualquier edad es motivo de consulta médica y neurológica, porque también puede deberse a otras causas, como la epilepsia.

Primero, revisar la audición. Un niño que no responde a su nombre puede tener un problema auditivo, y ambas condiciones pueden presentarse juntas. Una evaluación de la audición es parte de cualquier estudio por sospecha de autismo.

Ante la duda, no conviene esperar a ver si “se le quita”: consultar temprano da tiempo para actuar.

Evaluación

Cómo se diagnostica

El diagnóstico es clínico y se basa en varias fuentes de información. Un cuestionario de detección no es un diagnóstico: solo indica quién necesita una evaluación completa.

  1. Detección

    La Academia Americana de Pediatría recomienda aplicar cuestionarios de detección de autismo a todos los niños a los 18 y a los 24 meses, y en cualquier momento en que haya preocupación.

  2. Historia del desarrollo

    Una entrevista detallada con los padres sobre cómo se ha desarrollado el niño, su salud y los antecedentes familiares.

  3. Observación directa

    Actividades de juego y conversación estandarizadas, diseñadas para observar la comunicación social, el juego y las conductas repetitivas.

  4. Desarrollo, lenguaje y vida diaria

    Evaluación del nivel cognitivo, del lenguaje y de la conducta adaptativa, es decir, qué tan independiente es en su vida diaria. Estos datos definen los apoyos que necesita.

  5. Valoración médica

    Revisión de la audición y, según el caso, valoración por genética, neurología u otras especialidades para identificar condiciones asociadas.

  6. Integración y devolución

    El diagnóstico surge de la suma de todos los datos. Se explica a la familia junto con el perfil de fortalezas y necesidades del niño.

Otras condiciones que se parecen o que acompañan al autismo: la pérdida auditiva, el trastorno del lenguaje, la discapacidad intelectual, la ansiedad y el TDAH. Algunas pueden presentarse junto con el autismo, y distinguirlas cambia el plan de apoyo.

Un buen diagnóstico no solo pone un nombre: describe al niño y orienta qué hacer.

Perfil neuropsicológico

Cómo aprende, piensa y percibe

El perfil de capacidades en el autismo suele ser disparejo: habilidades muy buenas conviven con dificultades importantes. Conocerlo permite enseñar a través de lo que funciona.

Fortalezas frecuentes

  • Procesamiento visual y visoespacial, a menudo mejor que el verbal.
  • Memoria para datos, secuencias y lo aprendido de forma repetida.
  • Atención al detalle.
  • Conocimiento profundo de sus temas de interés.
  • Capacidad de frenar respuestas impulsivas, que suele estar conservada.

Retos frecuentes

  • Flexibilidad: cambiar de plan, de actividad o de punto de vista.
  • Planeación y organización de tareas de varios pasos.
  • Aplicar lo aprendido a situaciones nuevas y recuperar recuerdos útiles en el momento necesario.
  • Razonamiento abstracto y comprensión de lo implícito.
  • Fijarse en lo más importante de una situación social.

Los sentidos

Entre 40 y más de 90% de los niños con autismo tiene reacciones sensoriales particulares, en cualquier sentido. Desde el DSM-5 forman parte de los criterios de diagnóstico. Un mismo niño puede mostrar más de un patrón y cambiar según el momento y el lugar.

Hipersensibilidad

Le molestan mucho ciertos ruidos, texturas, luces u olores; se tapa los oídos, rechaza ropa o alimentos, o se desborda en lugares con mucho estímulo.

Respuesta disminuida

Parece no oír cuando le hablan, no notar el dolor, el frío o que lo tocan. En los niños pequeños, no responder a la voz es una de las señales más típicas.

Búsqueda o fascinación

Busca ciertas sensaciones: mirar luces o cosas que giran, oler o tocar objetos, girar o mecerse.

Lo que esto significa para enseñarle

Apoyos visuales

Horarios con imágenes, pasos dibujados y modelos a la vista aprovechan su fortaleza visual.

Anticipar

Avisar y mostrar antes lo que va a pasar reduce la angustia ante los cambios y mejora su participación.

Dividir las tareas

Descomponer lo nuevo, abstracto o de varios pasos en partes concretas, con ayuda externa para planear.

Conectar con lo que ya sabe

Repetir no basta. Ayuda darle pistas del contexto y relacionar explícitamente lo nuevo con experiencias anteriores.

Practicar en la vida real

Lo que se enseña en un solo lugar le cuesta trasladarlo a otros. Conviene practicar en casa, en la escuela y en la comunidad.

Cuidar el ambiente sensorial

Menos ruido y luces más suaves, un rincón tranquilo y permiso para usar audífonos o pausas pueden hacer una gran diferencia.

Entender cómo percibe y procesa el mundo cambia la pregunta de “¿por qué se porta así?” a “¿qué necesita?”.

Origen

¿Por qué ocurre?

El autismo es una de las condiciones del desarrollo con mayor influencia genética: los estudios de gemelos estiman una heredabilidad de 70 a 90%. Intervienen cientos de genes, algunos heredados y otros que aparecen por primera vez en el niño. Con los estudios genéticos actuales se encuentra una causa específica en una minoría de los casos, por ejemplo el síndrome de X frágil o la esclerosis tuberosa. Por eso se recomienda una valoración genética.

También hay factores del embarazo y del nacimiento asociados con un mayor riesgo, como el nacimiento muy prematuro, la rubéola durante el embarazo, algunos medicamentos como el valproato, un intervalo muy corto entre embarazos y una mayor edad de los padres. Cada uno explica solo una pequeña parte de los casos. No hay una causa única: en la mayoría de los niños se combinan muchos factores.

“Es por cómo lo criaron.”

Falso. La antigua idea de las “madres frías” se descartó hace décadas. La crianza no causa el autismo, aunque el acompañamiento de la familia sí influye en cómo aprende y avanza el niño.

“Lo causaron las vacunas.”

Falso. La sospecha surgió de un artículo de 1998 que después fue retirado. Numerosos estudios no han encontrado relación entre las vacunas y el autismo. Vacunar protege al niño y a la comunidad.

“Hay una epidemia de autismo.”

El aumento en los diagnósticos se explica en buena parte por criterios más amplios, mejor detección y más servicios. No se puede descartar un aumento real, pero no hay pruebas de una causa ambiental nueva que lo explique.

Nadie tiene la culpa del autismo. Lo que sí está en nuestras manos es cómo lo acompañamos.

Cuidado integral

Salud y seguridad

Los niños con autismo tienen más riesgo de otros problemas de salud. Cuando un niño no puede expresar lo que siente, el dolor o el malestar pueden aparecer como irritabilidad, problemas de sueño o conductas difíciles.

Epilepsia

Afecta a cerca de 1 de cada 10 personas con autismo, más que en la población general, y es más frecuente cuando hay discapacidad intelectual. Suele aparecer antes de los 5 años o en la adolescencia.

Sueño

Entre 40 y 86% tiene problemas para dormir. Ayudan las rutinas estables y los ajustes del ambiente. Cualquier medicamento o suplemento debe indicarlo el médico.

Digestión y alimentación

El estreñimiento, la diarrea y el reflujo son frecuentes. Muchos niños comen muy pocos alimentos: se introducen nuevos poco a poco, variando la presentación e involucrando al niño al preparar y comprar la comida.

Seguridad

Muchos niños no perciben el peligro. Casi la mitad llega a escaparse de casa o de sus cuidadores, y algunos se sienten atraídos por el agua. Cerraduras y alarmas en puertas, supervisión constante cerca del agua y una identificación con los datos de contacto ayudan a prevenir accidentes.

Salud emocional

La ansiedad, la depresión y el TDAH son más frecuentes, sobre todo en niños mayores y con más lenguaje. En la escuela hay mayor riesgo de burlas y acoso.

Consultas médicas y dentales

Ayuda preparar al niño, visitar al médico y al dentista también cuando está sano, elegir horarios con poca espera, llevar actividades para mantenerlo ocupado y dar más tiempo a la revisión.

Sobre los medicamentos: ningún medicamento trata los rasgos centrales del autismo. Algunos ayudan con problemas asociados, como la irritabilidad intensa, la agresión, el TDAH, la ansiedad o el insomnio. Siempre deben ser indicados y vigilados por un paidopsiquiatra o neuropediatra, y funcionan mejor junto con apoyos educativos y conductuales.

Un cambio brusco de conducta puede ser una señal de dolor o de malestar físico: vale la pena revisarlo.

Intervención

Qué ayuda

La intervención temprana es una prioridad. Entre los factores que se asocian con una mejor evolución están la atención conjunta, el interés por el juego, la imitación, la comprensión del lenguaje y la participación de los padres en el tratamiento.

Las revisiones más recientes, que analizan cientos de estudios con niños pequeños, encuentran el respaldo más amplio en las intervenciones naturalistas del desarrollo y conductuales. Combinan principios del aprendizaje con el juego y las rutinas diarias, siguen la iniciativa del niño y enseñan a los padres a aplicarlas en casa. Las intervenciones conductuales mejoran sobre todo la conducta y las habilidades socioemocionales, y las del desarrollo, la comunicación social. Los mismos autores advierten que la calidad de muchos estudios todavía es limitada.

Con respaldo

  • Programas tempranos basados en el juego y las rutinas, con los padres como parte activa.
  • Enseñar a jugar como una meta en sí misma, porque el juego impulsa el lenguaje y la relación con otros.
  • Sistemas de comunicación con imágenes, tableros o dispositivos cuando el habla no es suficiente. No frenan el habla.
  • Estrategias de motivación, autorregistro, aprendizaje con videos e intervención con compañeros en la escuela.
  • Para niños con dificultades sensoriales importantes, la terapia de integración sensorial de Ayres, aplicada por terapeutas ocupacionales con formación específica.
  • Terapia cognitivo-conductual adaptada para la ansiedad en niños con lenguaje fluido.

Con poca evidencia o riesgos

  • Las dietas sin gluten y sin caseína tienen poco respaldo científico y pueden empobrecer la alimentación.
  • Técnicas sensoriales aisladas, como los chalecos con peso, el cepillado o los entrenamientos auditivos, han tenido resultados mixtos y de corto plazo.
  • Los productos o tratamientos que prometen “curar” el autismo, como el dióxido de cloro o la quelación, son peligrosos. Las autoridades sanitarias han advertido contra ellos.

¿Cuántas horas de terapia? Durante años se recomendaron al menos 25 horas por semana. Un estudio controlado reciente con niños pequeños no encontró diferencias importantes entre 15 y 25 horas semanales en la mayoría de los resultados. Más que la cantidad, importan la calidad, la constancia y que lo aprendido se practique en las rutinas de casa.

La mejor intervención es la que se adapta a tu hijo, se practica en su vida diaria y se revisa con datos.

Escuela y adolescencia

Escuela, amigos y adolescencia

Estas estrategias tienen apoyo en la investigación con niños y adolescentes con autismo y pueden aplicarse en el salón y en casa.

Motivar

Dejarlo elegir el orden o los materiales, usar recompensas naturales, reconocer los intentos y no solo los aciertos, y mezclar tareas conocidas con nuevas. Así mejoran la conducta y la entrega de tareas.

Anticipar el material

Revisar en casa, la tarde anterior y sin presión, la actividad o el tema que verá al día siguiente. Esto reduce las conductas de evitación y mejora su participación.

Autorregistro

Enseñarle a observar y anotar su propia conducta, con recompensas. Favorece la independencia porque no depende de que un adulto lo esté recordando.

Aprender viendo videos

Ver un video de otra persona, o de sí mismo, haciendo bien una habilidad aprovecha su aprendizaje visual y facilita que la use en otros lugares.

Compañeros como aliados

Compañeros orientados para invitarlo a jugar e interactuar en el recreo y el comedor mejoran su participación social. Funciona mejor con dos o más compañeros que con uno solo.

Clubes alrededor de sus intereses

Organizar actividades sobre su tema favorito convierte su interés intenso en una forma de convivir, y a menudo lo vuelve el experto del grupo.

Puntos delicados

El recreo, el comedor, la clase de educación física y los cambios de actividad son los momentos más difíciles, porque tienen menos estructura. Un compañero asignado y la supervisión en esos espacios reducen el riesgo de acoso.

Aprendizaje escolar

Suelen necesitar apoyo en la comprensión de lectura, el razonamiento abstracto, la resolución de problemas matemáticos y la escritura a mano. Conviene que sus tareas se parezcan a las de sus compañeros, para no aislarlo.

Tener amigos puede proteger al niño del aislamiento, la ansiedad y la tristeza.

A largo plazo

Cómo evoluciona

La evolución es muy variable. Los datos que mejor la anticipan son la capacidad intelectual y la presencia de lenguaje útil hacia los 5 o 6 años, aunque algunos niños empiezan a hablar más tarde y avanzan bien. La atención conjunta en los primeros años se ha relacionado con un mejor funcionamiento social incluso dos décadas después.

Una buena capacidad intelectual no garantiza por sí sola una buena evolución: la salud emocional, los apoyos en la escuela, las oportunidades de empleo y la aceptación de la comunidad pesan mucho. La adolescencia y el paso a la vida adulta son etapas que conviene preparar con anticipación.

Los padres también necesitan apoyo. El estrés de la familia y su participación en la intervención influyen en el avance del niño. Contar con información, con otros padres y con espacios de descanso es parte del tratamiento.

Mirar también las fortalezas. El movimiento de la neurodiversidad ha impulsado a ver el autismo no solo como un conjunto de dificultades, sino también como una forma distinta de percibir y pensar, con capacidades propias.

El objetivo no es borrar el autismo, sino que el niño sea lo más feliz, independiente y participativo posible.

Señales para consultar

  • Cuando a los 12 a 18 meses casi no responde a su nombre, no señala para mostrar o no comparte la mirada.
  • Cuando pierde palabras o habilidades sociales que ya tenía.
  • Cuando un cuestionario de detección del pediatra salió con riesgo.
  • Cuando en preescolar o primaria le cuesta mucho relacionarse, tiene intereses muy intensos o reacciona con mucha angustia a los cambios.
  • Cuando ya tiene diagnóstico y necesitan conocer su perfil de fortalezas y necesidades para planear los apoyos.

En NeuroKids realizamos detección temprana y evaluación neuropsicológica, y diseñamos intervenciones junto con la familia y la escuela.

Fuentes

Volkmar, F. R., Rogers, S. J., Paul, R., y Pelphrey, K. A. (Eds.). (2014). Handbook of Autism and Pervasive Developmental Disorders (4.ª ed., vol. 1: Diagnosis, Development, and Brain Mechanisms). Wiley.

Centers for Disease Control and Prevention (2025). Prevalencia de TEA en niños de 8 años, Red ADDM, datos de 2022.

Fombonne, E., Marcín, C., Manero, A. C., et al. (2016). Prevalence of autism spectrum disorders in Guanajuato, Mexico: The Leon survey. Journal of Autism and Developmental Disorders, 46(5).

Hyman, S. L., Levy, S. E., Myers, S. M., y Council on Children with Disabilities (2020). Identification, evaluation, and management of children with autism spectrum disorder. Pediatrics, 145(1).

Liu, X., Sun, X., Sun, C., et al. (2022). Prevalence of epilepsy in autism spectrum disorders: A systematic review and meta-analysis. Autism, 26(1).

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Steinbrenner, J. R., Hume, K., Odom, S. L., et al. (2020). Evidence-Based Practices for Children, Youth, and Young Adults with Autism. National Clearinghouse on Autism Evidence and Practice, Universidad de Carolina del Norte.

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