Guía para padres
Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)
En el TDAH, la falta de atención, la hiperactividad o la impulsividad son más intensas y frecuentes que en otros niños de la misma edad, aparecen en distintos lugares y afectan la vida diaria. No es falta de voluntad ni de educación: es una condición del neurodesarrollo con una base biológica, y tiene tratamientos eficaces.
Contenido basado en S. Clare Stanford y Emma Sciberras (eds.), New Discoveries in the Behavioral Neuroscience of Attention-Deficit Hyperactivity Disorder (Springer, 2022), con evidencia complementaria más reciente.
Lo que conviene saber
Es frecuente
Afecta a cerca de 5 de cada 100 niños y adolescentes en el mundo, y a alrededor de 2 o 3 de cada 100 adultos.
No siempre hay hiperactividad
La presentación con predominio de falta de atención es de las más comunes. Muchos niños “distraídos” o “en las nubes”, sobre todo niñas, pasan años sin diagnóstico.
El diagnóstico es clínico
Ningún análisis, estudio de imagen o electroencefalograma confirma el TDAH, y un cuestionario por sí solo tampoco basta.
Casi nunca viene solo
Más de la mitad de los niños con TDAH tiene otra condición, como conducta oposicionista, ansiedad, dificultades de aprendizaje o problemas de sueño.
Tiene tratamiento eficaz
La medicación reduce los síntomas en la mayoría, y los apoyos en casa y en la escuela ayudan a convertir esa mejoría en logros. “Las pastillas no enseñan habilidades.”
Cambia con la edad
La hiperactividad suele disminuir y la falta de atención tiende a persistir. En muchos casos los síntomas suben y bajan a lo largo de la vida.
¿Qué es el TDAH?
El manual diagnóstico DSM-5 describe dos grupos de características, cada uno con nueve síntomas: falta de atención, e hiperactividad-impulsividad. Para el diagnóstico, un niño o adolescente debe tener al menos seis síntomas de uno o de ambos grupos (cinco a partir de los 17 años), durante seis meses o más y en un grado que no corresponde a su edad.
Falta de atención
- Comete errores por descuido y le cuesta sostener la atención.
- Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
- No termina tareas ni sigue instrucciones hasta el final.
- Se desorganiza, pierde sus cosas y olvida actividades diarias.
- Evita las tareas que requieren esfuerzo mental prolongado.
- Se distrae con facilidad.
Hiperactividad e impulsividad
- Mueve manos y pies o se levanta cuando debe permanecer sentado.
- Corre o trepa en situaciones inapropiadas; en mayores, inquietud interna.
- Actúa “como si tuviera un motor” y le cuesta jugar en silencio.
- Habla en exceso.
- Responde antes de que terminen la pregunta.
- Le cuesta esperar su turno e interrumpe a los demás.
Además, varios síntomas deben haber aparecido antes de los 12 años, presentarse en más de un lugar (por ejemplo, en casa y en la escuela), afectar claramente su vida escolar, social o familiar, y no explicarse mejor por otra condición. Según los síntomas que predominan, se habla de presentación con predominio de falta de atención, con predominio hiperactivo-impulsivo o combinada. Se usa la palabra “presentación” y no “tipo”, porque a menudo cambia con los años.
- Frecuencia
- Cerca de 5 de cada 100Niños y adolescentes en el mundo; alrededor de 2.5 de cada 100 adultos
- Proporción
- 2 niños por cada niñaEn adultos la diferencia casi desaparece
- Inicio
- Antes de los 12 añosAunque a veces se diagnostica mucho después
- Influencia genética
- Muy alta, 70 a 80%Hermanos y padres pueden tenerlo también
“Pero se concentra horas en los videojuegos.” La atención en el TDAH depende mucho del interés y de lo atractiva que sea la tarea. Los síntomas se notan más en actividades repetitivas, aburridas o que exigen esfuerzo mental, no cuando algo lo motiva mucho.
El TDAH no es no poder poner atención nunca, sino no poder dirigirla y sostenerla cuando hace falta.
Cómo se ve según la edad
Preescolares
Predominan la hiperactividad y la impulsividad. Es difícil distinguirlas de la energía normal de esta edad, por eso el diagnóstico requiere mucho cuidado. Cuando se confirma, suele mantenerse: en un estudio grande, 77 a 89% seguía teniendo TDAH seis años después. A los 5 años, casi 1 de cada 5 niños con TDAH ha tenido una lesión que requirió atención, frente a 1 de cada 10 sin TDAH. Siete de cada diez tienen otra condición, sobre todo conducta oposicionista.
Primaria
La falta de atención se hace más evidente con las exigencias escolares. Son frecuentes el bajo rendimiento, el rechazo de los compañeros y los accidentes. Los maestros aportan información clave porque comparan al niño con otros de su edad.
Adolescencia
La mayoría sigue con síntomas importantes. Aumentan las exigencias de organización en secundaria y preparatoria, y aparecen la frustración fácil y los enojos intensos. Cerca de la mitad tiene también conducta oposicionista o problemas de conducta, y crece el riesgo de consumo de sustancias, accidentes y embarazo temprano.
Adultez
La falta de atención suele persistir y la hiperactividad se convierte en inquietud interna o en llenarse de actividades. La impulsividad puede verse en cambios frecuentes de trabajo o de relaciones. Son comunes los problemas para administrar el tiempo y el dinero, y el riesgo de accidentes de tránsito es mayor.
Un curso que sube y baja. En un seguimiento de 16 años con 558 niños con TDAH, alrededor de un tercio dejó de tener síntomas en algún momento, pero la mayoría de ellos volvió a tenerlos después. Solo 9% se mantuvo sin síntomas hasta el final, mientras que 64% tuvo periodos de mejoría y de recaída. Por eso el seguimiento se planea a largo plazo. Qué muestran los seguimientos.
Reconocerlo y atenderlo a tiempo cambia la historia: el TDAH sin tratar se asocia con más accidentes, fracaso escolar y dificultades en la vida adulta.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico lo hace un profesional a partir de la historia clínica y de información de varias fuentes. Ninguna prueba aislada lo confirma ni lo descarta.
Entrevista con los padres y el niño
Cuándo empezaron los síntomas, con qué frecuencia e intensidad ocurren, en qué lugares y cómo afectan su vida. También se revisan el desarrollo, la salud y los antecedentes familiares.
Información de la escuela
Los maestros ven al niño en situaciones que exigen atención y lo comparan con otros de su edad. Sus reportes y cuestionarios son indispensables.
Escalas y cuestionarios
Ayudan a medir los síntomas, pero incluso las mejores aciertan en cerca de 8 de cada 10 casos y generan falsos positivos. Un puntaje alto no es un diagnóstico.
Revisión médica, vista y oído
Para descartar problemas de salud, de audición o de visión que puedan parecer falta de atención.
Otras condiciones
Se buscan ansiedad, depresión, trastornos del aprendizaje, autismo y problemas de sueño, que pueden parecerse al TDAH o acompañarlo.
Evaluación neuropsicológica
No diagnostica el TDAH por sí sola, pero permite conocer la capacidad intelectual, las funciones ejecutivas y el aprendizaje del niño, y orientar el tratamiento según sus fortalezas y dificultades.
Si solo ocurre en un lugar, hay que pensar en otras causas. Los síntomas que aparecen solo en casa o solo en un salón pueden deberse a conflictos familiares, a un ambiente escolar poco adecuado o a situaciones de estrés.
Ojo con la edad. Los niños más pequeños de su grupo se diagnostican con más frecuencia, porque se les compara con compañeros hasta un año mayores.
Un buen diagnóstico escucha a la familia, a la escuela y al niño, y descarta lo que se le parece.
¿Por qué ocurre?
El TDAH es muy heredable: los estudios de gemelos estiman una influencia genética de 70 a 80%. Intervienen muchos genes, cada uno con un efecto pequeño, y varios se comparten con otras condiciones como el autismo, la depresión o la ansiedad. Los rasgos del TDAH existen en toda la población en distinto grado; el diagnóstico corresponde al extremo en que causan problemas.
Por eso es común que un hermano o uno de los padres también tenga TDAH u otra condición del neurodesarrollo. Conviene tomarlo en cuenta, porque influye en la organización de la familia y en cómo se sigue el tratamiento. Por ahora no se recomiendan pruebas genéticas de rutina para el TDAH.
La crianza no causa el TDAH. Los conflictos entre padres e hijos que a menudo lo acompañan se explican, en parte, por la propia conducta del niño; aun así, una crianza consistente ayuda mucho a su evolución. Algunos factores del ambiente sí se asocian con mayor riesgo, como el nacimiento muy prematuro o con muy bajo peso y la exposición al plomo. En otros casos, como el tabaquismo durante el embarazo, parte de la asociación parece deberse a factores genéticos que se comparten.
Entender que tiene una base biológica ayuda a dejar de buscar culpables y a concentrarse en las soluciones.
Lo que suele acompañarlo
Más de la mitad de los niños con TDAH tiene al menos otra condición, y una parte importante tiene dos o más. Estas condiciones hacen más difícil el día a día y deben atenderse también.
Conducta oposicionista
Es la más frecuente: enojo, desafío y discusiones constantes con los adultos. En algunos casos aparecen problemas de conducta más serios.
Ansiedad y depresión
Afectan a entre 1 y 3 de cada 10. A veces se confunden con falta de atención o la agravan.
Aprendizaje y lenguaje
Hasta 1 de cada 4 tiene un trastorno del aprendizaje o de la comunicación, como dislexia o discalculia.
Autismo
Alrededor de 3 de cada 10 personas con autismo tienen también TDAH, más en la edad escolar y la adolescencia. Desde el DSM-5 ambos diagnósticos pueden hacerse juntos. Más sobre cómo conviven.
Sueño
Alrededor de 7 de cada 10 niños con TDAH tienen problemas para dormir, casi la mitad de intensidad moderada o grave.
Peso y actividad física
El TDAH se asocia con un riesgo algo mayor de obesidad, sobre todo en adultos. Aunque son muy inquietos, muchos niños hacen menos ejercicio del recomendado.
Tratar el TDAH sin mirar lo que lo acompaña deja la mitad del problema sin resolver.
El sueño y el TDAH
Dormir mal y tener TDAH se parecen y pueden retroalimentarse: en experimentos con adolescentes con TDAH, dormir menos empeoró la atención y el manejo de las emociones, y es probable que los síntomas del TDAH hagan más difícil mantener horarios. Los problemas más comunes son tardar en dormirse, despertarse en la noche, dormir inquieto, costarle levantarse y tener sueño durante el día. En un seguimiento de un año, 41 % de los niños con TDAH no tuvo problemas de sueño, en 49 % fueron pasajeros y en 10 % persistieron. Además de afectar al niño, alteran el ánimo y el trabajo de los padres.
Contribuyen las pantallas por la noche, la cafeína, la falta de rutinas, un “reloj biológico” que tiende a dormir y despertar tarde, la ansiedad y, en algunos niños, los medicamentos estimulantes.
Lo que ha demostrado ayudar
- Una intervención breve de dos o tres sesiones para crear hábitos de sueño mejoró el sueño, los síntomas del TDAH, la calidad de vida y la memoria de trabajo en un ensayo con 244 niños, con beneficios hasta un año después.
- Horario fijo para levantarse y luz temprano por la mañana.
- Una rutina tranquila antes de dormir, sin pantallas ni cafeína.
- Si se duerme muy tarde: fijar la hora de acostarse cuando de verdad le da sueño y adelantarla 15 minutos cada dos o tres días.
- Reglas consistentes a la hora de dormir.
A tomar en cuenta
- La melatonina ayudó a conciliar el sueño en un ensayo con 105 niños; hay menos evidencia de que mejore otros aspectos, como la calidad de vida. Su uso lo decide el médico.
- La apnea del sueño, las piernas inquietas y los movimientos de las piernas durante el sueño son más frecuentes en el TDAH. Si ronca fuerte, hace pausas al respirar o tiene las piernas inquietas, coméntalo con su médico: en niños con apnea, quitar las amígdalas y las adenoides mejoró los síntomas de TDAH en un estudio.
- El metilfenidato se asocia con más insomnio, aunque los niños sin medicación también duermen peor. Si el sueño empeoró al empezar el medicamento, coméntalo con el médico.
El sueño debería revisarse al evaluar y en cada seguimiento.
Tratamiento
El tratamiento empieza por entender el TDAH. A partir de ahí se combinan varias herramientas según la edad, la intensidad de los síntomas y lo que lo acompaña.
Preescolares
La primera opción es el entrenamiento a padres en manejo conductual. La medicación se considera solo si esto no es suficiente, con un especialista: a esta edad la respuesta es menor y los efectos secundarios, más frecuentes.
Escolares y adolescentes
Las guías internacionales recomiendan la medicación como parte central del tratamiento cuando el TDAH es moderado o grave, junto con información para la familia, apoyos en la escuela y, cuando hay conducta oposicionista, entrenamiento a padres. En adolescentes con dificultades persistentes, la terapia cognitivo-conductual suma beneficios.
Adultos
Medicación y ajustes en el trabajo o el estudio, con terapia cognitivo-conductual para organizar el tiempo y manejar las emociones.
Los medicamentos
Los estimulantes, el metilfenidato y los derivados de anfetamina, son la primera opción porque son los más eficaces. Si uno no funciona o no se tolera, se suele probar el otro tipo de estimulante antes de pasar a una alternativa no estimulante, como la atomoxetina, porque cambiar de tipo suele dar una respuesta clínica. La indicación, el ajuste de la dosis y el seguimiento corresponden al paidopsiquiatra o al neuropediatra.
El entrenamiento a padres
Enseña a usar instrucciones claras, rutinas, reconocimiento inmediato y consecuencias consistentes. Mejora las prácticas de crianza y la conducta oposicionista. Cuando quienes califican no saben qué tratamiento recibió el niño, no se ve un efecto claro sobre los síntomas centrales del TDAH, por eso suele combinarse con otras herramientas.
“Fácil de tratar, difícil de tratar bien.” Así lo resume el psiquiatra David Coghill. Los medicamentos actúan rápido, pero obtener el mejor resultado requiere ajustar la dosis con cuidado, revisar cómo le va en casa y en la escuela con cuestionarios, y vigilar peso, estatura, presión y pulso. Y recordar que las pastillas no enseñan habilidades: ayudan a enfocarse y a frenar impulsos, pero los logros escolares y sociales los construye el niño con apoyo. Cómo es un buen ajuste del medicamento.
La evaluación neuropsicológica, la orientación a padres y maestros, las adecuaciones escolares y el trabajo en funciones ejecutivas completan el tratamiento. La sección Funciones ejecutivas de este sitio describe estrategias para casa y escuela.
El mejor tratamiento combina lo médico, lo familiar y lo escolar, y se revisa con el tiempo.
Dudas frecuentes sobre los medicamentos
Estas respuestas resumen la evidencia disponible. Cada caso debe platicarse con el médico que indica el tratamiento.
¿Funcionan?
Sí. Reducen los síntomas de forma importante en la mayoría de los niños, y en el caso de los estimulantes el efecto se nota desde los primeros días. Durante los periodos en que se toman, los estudios encuentran menos accidentes y lesiones y mejores resultados escolares. La calidad de vida también mejora, aunque menos que los síntomas.
¿Causan adicción o llevan a las drogas?
No hay evidencia de que el tratamiento con estimulantes aumente el riesgo de consumir drogas más adelante; algunos estudios incluso sugieren un riesgo menor. Sí hay que evitar que se compartan o se vendan, sobre todo en la adolescencia.
¿Qué efectos secundarios tienen?
Los más comunes son menos apetito, dificultad para dormir, dolor de cabeza o de estómago e irritabilidad. En general se toleran bien y se reducen con un ajuste y un seguimiento cuidadosos, aunque algunos niños dejan el medicamento por los efectos.
¿Afectan el crecimiento?
El uso prolongado en la infancia probablemente se relaciona con una estatura unos 2 cm menor que la esperada; otra revisión del mismo libro describe la diferencia como pequeña y que se resuelve al suspender el medicamento. Por eso se miden peso y estatura en cada revisión.
¿Y el corazón?
Suben un poco la presión y el pulso. Los estudios de seguridad han sido tranquilizadores en general, aunque uno grande reciente asoció varios años de uso con más riesgo de presión alta. Se revisan los antecedentes cardiacos antes de empezar y se vigilan presión y pulso durante el tratamiento.
¿Empeoran los tics?
Solo en una minoría: alrededor de 2 de cada 10 niños que ya tienen tics. Las revisiones no han encontrado un empeoramiento general, y existen alternativas si ocurre.
¿Es para siempre?
No necesariamente. El efecto de los estimulantes desaparece en una o dos semanas si se suspenden, así que la necesidad de continuar se revisa periódicamente con el médico.
La decisión de medicar se toma en conjunto, con información clara, y se revisa con datos de casa y escuela.
Mitos frecuentes
“Es falta de disciplina.”
El TDAH tiene una base biológica y genética: no lo causa la falta de disciplina. Una disciplina consistente sí ayuda, aunque por sí sola no lo resuelve.
“Se quita con la edad.”
La hiperactividad suele disminuir, pero en muchas personas la falta de atención y sus consecuencias continúan en la adolescencia y la adultez.
“Si no es hiperactivo, no es TDAH.”
La presentación con predominio de falta de atención es de las más comunes y la que más fácilmente pasa desapercibida.
“Un electroencefalograma o un mapeo cerebral lo diagnostica.”
No existe un estudio cerebral que diagnostique el TDAH. El índice de ondas theta/beta que se propuso como marcador no se ha confirmado en los estudios más grandes, y no se recomienda usar electroencefalogramas o estudios de imagen de rutina. Qué muestran estos estudios.
“El neurofeedback lo cura.”
En el ensayo controlado más grande, los niños que recibieron neurofeedback real mejoraron lo mismo que quienes recibieron una versión simulada. Las revisiones europeas no lo consideran un tratamiento eficaz para el TDAH.
“Los juegos para entrenar el cerebro lo resuelven.”
El entrenamiento cognitivo por computadora mejora el ejercicio que se practica, pero no ha demostrado reducir los síntomas del TDAH en la vida diaria.
Desconfía de cualquier prueba o tratamiento que prometa diagnosticar o curar el TDAH con un solo estudio o una sola técnica.
Señales para consultar
- Cuando la distracción, la inquietud o la impulsividad son mayores que las de otros niños de su edad y se notan en casa y en la escuela.
- Cuando sus calificaciones no reflejan su capacidad o recibe reportes frecuentes de conducta.
- Cuando le cuesta hacer o mantener amigos, o tiene accidentes con frecuencia.
- Cuando hay mucho conflicto familiar alrededor de las tareas y las rutinas.
- Cuando ya tiene diagnóstico, pero el tratamiento no está dando los resultados esperados.
En NeuroKids realizamos evaluación neuropsicológica, orientación a padres y maestros, y rehabilitación de las funciones ejecutivas, en coordinación con el médico tratante.
Fuentes
Stanford, S. C., y Sciberras, E. (Eds.). (2022). New Discoveries in the Behavioral Neuroscience of Attention-Deficit Hyperactivity Disorder (Current Topics in Behavioral Neurosciences, vol. 57). Springer. Capítulos de Leffa, Caye y Rohde (diagnóstico y pronóstico); Groom y Cortese (tratamientos farmacológicos); Coghill (estimulantes); Sciberras (sueño); Lanoye, Adams y Fuemmeler (obesidad); Langley, Martin y Thapar (genética); Vaidya y Klein (TDAH y autismo); McLoughlin, Gyurkovics y Aydin (EEG).
Neurofeedback Collaborative Group (2021). Double-blind placebo-controlled randomized clinical trial of neurofeedback for attention-deficit/hyperactivity disorder with 13-month follow-up. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 60(7).
Zhang, L., Li, L., Andell, P., et al. (2024). Attention-deficit/hyperactivity disorder medications and long-term risk of cardiovascular diseases. JAMA Psychiatry, 81(2).
Sibley, M. H., Arnold, L. E., Swanson, J. M., et al. (2022). Variable patterns of remission from ADHD in the Multimodal Treatment Study of ADHD. American Journal of Psychiatry, 179(2), 142–151.
Franz, A. P., Bolat, G. U., Bolat, H., et al. (2018). Attention-deficit/hyperactivity disorder and very preterm/very low birth weight: a meta-analysis. Pediatrics, 141(1), e20171645.
Goodlad, J. K., Marcus, D. K., y Fulton, J. J. (2013). Lead and attention-deficit/hyperactivity disorder (ADHD) symptoms: a meta-analysis. Clinical Psychology Review, 33(3), 417–425.
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