Aprendizaje · Lectura y escritura
Dislexia y dificultades de escritura
Leer con precisión y rapidez es una habilidad que se aprende, y a algunos niños les cuesta mucho más que a otros aunque sean inteligentes y se esfuercen. La dislexia es la dificultad de aprendizaje mejor estudiada y la que cuenta con tratamientos más probados.
En el DSM-5: trastorno específico del aprendizaje con dificultad en la lectura. En la escuela también puede llamarse “problema de decodificación y fluidez”: es lo mismo.
- Frecuencia
- Cerca de 7%Varía según el criterio que se use
- Proporción
- 1.5 niños por cada niñaEn consulta llegan de 3 a 6 niños por niña
- Se nota desde
- Kínder, 1.º y 2.º de primariaEl riesgo puede detectarse en preescolar
- Influencia genética
- ModeradaAumenta con la edad escolar
¿Qué es?
Es una dificultad para leer palabras con precisión y rapidez, casi siempre acompañada de mala ortografía. A los niños con dislexia les cuesta más aprender la relación entre letras y sonidos y, sobre todo, volverla automática. No es principalmente un problema de comprensión: muchos entienden bien lo que escuchan y algunos incluso disfrutan leer, aunque lo hagan despacio.
Existe en todos los idiomas. En lenguas de escritura regular, como el italiano, el finés o el español, los errores al leer suelen ser menos llamativos que en inglés, y la dificultad se nota sobre todo en la lentitud.
Señales de alerta
Antes de leer
- Retrasos leves de habla o lenguaje.
- Le cuesta aprender el alfabeto y los nombres y sonidos de las letras.
- Evita que le lean o mirar libros.
En la primaria
- Dificultad para aprender a leer y escribir desde el inicio de la enseñanza formal.
- Lectura en voz alta lenta y entrecortada.
- Se equivoca en palabras “pequeñas” (el, la, un, de) aunque lea palabras largas.
- Adivina palabras por su forma: lee “pato” donde dice “plato”.
- Ortografía que no respeta los sonidos: omite, agrega o cambia consonantes.
- Memoriza el dictado de la semana pero escribe con muchos errores cuando redacta.
- Tareas que se alargan, bajo rendimiento en exámenes con tiempo, dificultad para memorizar las tablas.
- Ansiedad, rechazo a la escuela o dolores de cabeza y estómago en días de clase.
Confundir b y d después de los 9 años puede ser una señal, pero no es la marca de la dislexia: muchos niños con dislexia no lo hacen y no indica un problema visual.
¿Por qué ocurre?
Tiene un componente hereditario importante y es frecuente que aparezca en padres, tíos o abuelos, a veces descubiertos durante la evaluación del niño. Se han identificado varios genes relacionados, muchos de ellos con el desarrollo del cerebro antes del nacimiento.
Las personas con dislexia muestran diferencias en la red de lectura del hemisferio izquierdo, y muchas de ellas existen antes de aprender a leer: no son solo consecuencia de leer poco. En la mayoría hay dificultad para identificar y manipular los sonidos de las palabras (conciencia fonológica), pero ningún problema por sí solo la explica; también influyen la velocidad para nombrar, la velocidad de procesamiento, la memoria verbal y el vocabulario.
El ambiente también cuenta: el lenguaje en casa, las actividades de prelectura y el método de enseñanza. La enseñanza fonética (letra-sonido) es superior a los métodos globales, sobre todo en niños en riesgo. La dislexia no es un problema de la vista.
Suele acompañarse de
¿Cómo se evalúa?
Se integran los antecedentes familiares, la historia escolar y de lenguaje, la observación de los errores al leer y escribir y pruebas estandarizadas de lectura de palabras, pseudopalabras y textos, con y sin tiempo, además de ortografía. Se descartan problemas sensoriales y falta de enseñanza adecuada, y se revisan TDAH, lenguaje, matemáticas y estado emocional. No existe un perfil cognitivo único que confirme o descarte el diagnóstico, y los niños con capacidades intelectuales altas también pueden tener dislexia.
Si las dificultades para leer aparecen de golpe en años posteriores, es poco probable que se trate de dislexia del desarrollo y conviene buscar otras causas.
Lo que ayuda
- Enseñanza intensiva y explícita de conciencia fonológica, relación letra-sonido, análisis de palabras, fluidez y estrategias de comprensión.
- Trabajo individual o en grupos pequeños, a diario o varias veces por semana.
- Combinar los juegos de sonidos con lectura real; por separado funcionan menos.
- Empezar pronto, sin esperar el diagnóstico formal: es más fácil prevenir la lentitud que corregirla después.
- En niños mayores y adolescentes, sumar vocabulario y comprensión sin abandonar la fonética y la fluidez.
- Un buen nivel de lenguaje oral protege a largo plazo.
Sin evidencia de eficacia
- Lentes o filtros de colores.
- Terapia visual.
- Ejercicios de movimiento o entrenamiento vestibular.
- Programas de entrenamiento auditivo de sonidos rápidos.
¿Y la escritura?
Los problemas de escritura se estudian menos, pero son frecuentes: entre 7 y 15% de los escolares, con 2 a 3 niños por cada niña. Tres de cada cuatro también tienen dislexia, y cerca de 30% de los demás tiene TDAH. Escribir bien requiere automatizar la letra y la ortografía y, al mismo tiempo, generar y organizar ideas, así que ambos aspectos se evalúan. Por eso, ante un problema de lectura se revisa la escritura, y al revés.
Hay también niños que leen bien las palabras pero no comprenden lo que leen. Su dificultad suele estar en el lenguaje en general, no en la decodificación, y necesitan un tipo de apoyo distinto.
La dislexia no depende de la inteligencia ni de la vista. Con enseñanza explícita y a tiempo, los niños aprenden a leer.
Fuentes
Pennington, B. F., McGrath, L. M. y Peterson, R. L. (2019). Diagnosing Learning Disorders: From Science to Practice (3.ª ed.). Guilford Press.
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