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Crianza y emociones

¿Quién empieza la batalla? El círculo entre la conducta de los hijos y la frustración de los padres

Un estudio que siguió a casi 10 mil familias durante varios años encontró que la conducta difícil de los niños y la frustración de sus padres se alimentan mutuamente. Te contamos qué encontró, qué puede servir en casa y qué no podemos concluir.

¿Qué se estudió?

Un equipo del University College London analizó datos de casi 10 mil familias inglesas que forman parte de un gran estudio de seguimiento. Cuando sus hijos tenían 4, 7 y 8 años, los padres contestaron cuestionarios sobre dos cosas.

La primera fue la conducta del niño: berrinches, desobediencia, peleas, inquietud o dificultad para concentrarse. La segunda fue su propia frustración, con preguntas como si tenían luchas de poder frecuentes con su hijo o si sentían que les ponía los nervios de punta. ¿Te suena alguna?

Los investigadores querían saber dos cosas. Primero, si la conducta del niño y la frustración de los padres se influyen mutuamente con el tiempo. Segundo, si tener una buena red de apoyo, como familia, amigos o un vecindario unido, ayuda a frenar ese ciclo.

¿Qué se encontró?

Sí existe un ciclo, y va en ambas direcciones. Cuando un niño de 7 años mostraba más dificultades de lo que era habitual en él, un año después sus padres reportaban más frustración de lo habitual. Y al revés: cuando los padres estaban más frustrados de lo usual, un año después el niño mostraba más dificultades.

Conducta difícil del hijo Frustración de mamá o papá la alimenta la alimenta

Entre los 7 y los 8 años, cada lado anticipó al otro. Entre los 4 y los 7 años no se encontró este efecto. Los efectos fueron modestos, pero consistentes.

Los psicólogos conocen esto desde hace décadas como “ciclo coercitivo”. El niño se porta difícil, el adulto se frustra y endurece, el niño responde con más resistencia, y la escalada continúa hasta que alguien cede. Con el tiempo, el patrón se vuelve la forma habitual de relacionarse.

La sorpresa estuvo en la segunda pregunta. Las familias con más apoyo de su red y las que vivían en vecindarios más unidos tenían, en promedio, menos problemas de conducta y menos frustración. Pero ese apoyo no cambió la forma en que el ciclo avanzaba dentro de cada familia. Los autores concluyen que, al menos con lo que pudieron medir, el apoyo del entorno no bastó para romperlo.

¿Qué significa en casa?

Algunas ideas que se desprenden del estudio y de los programas de orientación para padres, que son una de las intervenciones recomendadas para este tipo de ciclos.

Sin culpables

  • El ciclo va en ambas direcciones: ni “todo es culpa de mi hijo” ni “todo es culpa mía”.
  • Reconocer el patrón ayuda a salir de la culpa y a mirar la dinámica, no a la persona.

Cortar la escalada

  • Cuando notes que la tensión sube, el adulto es quien mejor puede bajar la intensidad primero: una pausa, un tono más bajo, menos palabras.
  • Elige tus batallas. Da instrucciones cortas y claras, una sola vez.

Busca lo que sí funciona

  • Nota y reconoce en voz alta cuando hace algo bien, aunque sea pequeño. Cambia el tono de toda la relación.
  • Si las batallas son diarias, pedir orientación profesional no es fracasar: los programas para padres son de las formas mejor respaldadas de romper este ciclo.

No hay un culpable: hay un ciclo, y los ciclos se pueden romper.

¿Qué no dice este estudio?

  • No dice que el apoyo de familia y amigos no importe. Las familias con más apoyo estaban mejor en promedio; lo que no se encontró es que ese apoyo cambiara el ciclo.
  • No dice que los padres causen la conducta del niño, ni al revés. Muestra que cada lado anticipa al otro, con efectos modestos.
  • Midió la frustración con solo tres preguntas de sí o no, y la misma persona reportó tanto su frustración como la conducta del niño.
  • Que no se viera el ciclo entre los 4 y los 7 años no significa que no exista a esa edad. Tres años entre mediciones pueden ser demasiado para captarlo.
  • Son familias inglesas de los años noventa, casi todas de origen blanco. No sabemos cómo se ve este ciclo en familias mexicanas.
  • No evaluó ninguna intervención. Solo observó a las familias.

Fuente: Raw, J. A. L., Heron, J., Oliver, B. R., Gilmour, J., & Midouhas, E. (2026). Bidirectional associations between parental negativity and child externalising problems: Social support and neighbourhood cohesion as moderators. JCPP Advances, 6(2), e70054. doi.org/10.1002/jcv2.70054 (acceso abierto, en inglés).

Este contenido es informativo y no sustituye una valoración profesional.

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