Crianza y emociones
Más allá de los síntomas: dos capacidades que protegen la salud mental de nuestros hijos
Un nuevo modelo científico propone dejar de esperar a que aparezcan la ansiedad o la tristeza y, en cambio, cultivar desde temprano dos capacidades que se pueden fortalecer en casa y en la escuela.
¿Qué se estudió?
La investigadora Dusana Dorjee, de la Universidad de York en Reino Unido, revisó cientos de estudios de psicología del desarrollo, neurociencia y psicología clínica. Su objetivo era ordenar lo que ya sabemos sobre cómo se construye la salud mental durante la infancia y la adolescencia.
No se trata de un experimento con niños, sino de una propuesta. Su idea central es sencilla: la mayoría de los enfoques actuales esperan a que aparezcan síntomas para actuar. Ella propone mirar antes, hacia las capacidades que protegen a los niños, y cultivarlas. Las llama “capacidades” justamente porque no son rasgos fijos, sino habilidades que se fortalecen con la crianza, la escuela y la experiencia.
¿Qué propone?
El modelo identifica dos grandes capacidades. Cada una se construye como una escalera de cinco peldaños: los primeros son más sencillos y sirven de base para los siguientes.
Autorregulación
Manejar lo que pensamos, sentimos y hacemos.
- Darse cuentaNotar las propias emociones sin juzgarlas.
- Manejar distraccionesSaber cuándo una distracción ayuda y cuándo estorba.
- Revisar los hábitosEquilibrar la tendencia a fijarnos más en lo negativo.
- Calmar la reactividadRegular el cuerpo ante el estrés.
- Soltar la rumiaciónSalir de las vueltas al pasado y las preocupaciones.
Yo y el mundo
Sentirse conectado, útil y con rumbo.
- Humanidad compartidaTratarse a uno mismo y a los demás con amabilidad.
- ConexionesCon la familia, los amigos, la escuela, la comunidad y la naturaleza.
- Hacer una diferenciaSentir que puedo ayudar a otros.
- PropósitoTener metas que importan de verdad.
- Identidad flexiblePoder cambiar lo que ya no me ayuda.
Detrás de cada peldaño hay redes cerebrales que maduran con la edad y se moldean con lo que el niño vive. La autora señala dos etapas especialmente sensibles: los primeros cuatro años de vida y la adolescencia.
También insiste en algo que como padres conviene escuchar: la responsabilidad no puede recaer solo en el niño. La pobreza, el estrés familiar, la discriminación y las redes sociales diseñadas para atrapar la atención pesan mucho. Fortalecer estas capacidades ayuda, pero no sustituye cuidar el entorno.
¿Qué significa en casa?
Estas son algunas ideas prácticas que se desprenden del artículo, organizadas por etapa.
Primeros años
- Ayúdale a ponerle nombre a lo que siente: “parece que estás frustrado”. Nombrar la emoción ya ayuda a regularla.
- Distraerle de algo que le asusta es válido a esta edad. En un estudio con niños de 5 y 6 años, la distracción ayudó a bajar el miedo.
- Tu calma le presta calma. A esta edad, tú eres su regulador.
Edad escolar
- Practiquen la respiración de “oler la flor y soplar la vela”. En un estudio, un video guiado de apenas un minuto ayudó a niños de unos siete años a relajarse físicamente.
- Al final del día, recuerden juntos algo bueno que pasó y disfrútenlo otra vez.
- Cuando se equivoque, pregúntale: “¿qué le dirías a un amigo al que le pasara esto?”
- Busquen ocasiones para ayudar a otros y para asombrarse con la naturaleza.
Adolescencia
- Su cerebro busca recompensas con mucha intensidad mientras los “frenos” siguen en construcción. Con las redes sociales, acompañar funciona mejor que solo prohibir.
- Ayúdale a cuestionar sus pensamientos: “¿hay otra manera de ver esto?”
- Platiquen sobre lo que le importa. Las metas que nacen de dentro protegen más que perseguir fama, dinero o apariencia.
A cualquier edad, tus hijos aprenden a regularse viendo cómo te regulas tú.
¿Qué no dice este estudio?
- No es una prueba, sino una propuesta. El modelo todavía debe comprobarse con nuevas investigaciones, y la autora lo reconoce.
- Las edades sensibles son estimaciones, no ventanas que se cierran. Si tu hijo ya tiene 10 o 15 años, no llegaste tarde.
- No es un tratamiento para TDAH, autismo o ansiedad. Si notas dificultades persistentes, lo indicado es una evaluación profesional.
- Mucho de lo que se sabe sobre el cerebro son asociaciones, no causas, y algunos hallazgos provienen de estudios con adultos.
- La genética no es destino. Uno de los estudios revisados mostró que un programa para padres e hijos compensó una predisposición genética relacionada con la atención.
- Se desarrolló en Reino Unido. Falta saber cómo funciona en otras culturas, incluida la nuestra.
Fuente: Dorjee, D. (2026). Conceptualising Child and Adolescent Mental Health and Wellbeing Neurodevelopment: An Integrative Brain Networks Framework. New Directions for Child and Adolescent Development. doi.org/10.1155/cad/3489051 (acceso abierto, en inglés).
