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Rehabilitación

Después de una lesión cerebral, ¿se pueden mejorar las funciones ejecutivas?

Un análisis de 23 ensayos clínicos con niños y adolescentes encontró que las intervenciones sí ayudan, que sus efectos se mantienen y que funcionan mejor cuando la familia participa. Te contamos qué significa y qué no podemos concluir.

¿Qué se estudió?

Una lesión cerebral adquirida es un daño que ocurre después del nacimiento. Puede deberse a un golpe en la cabeza por un accidente o una caída (traumatismo craneoencefálico), o a causas no traumáticas como un tumor, un infarto cerebral o una infección. Tras una lesión así, es frecuente que se vean afectadas las funciones ejecutivas.

Estas funciones incluyen habilidades más cognitivas, como planear, organizarse, recordar información mientras se usa y cambiar de estrategia. También incluyen habilidades más emocionales, como regular las emociones, tomar decisiones cuando hay emociones de por medio y relacionarse con los demás.

Un equipo de universidades de Países Bajos, Reino Unido, Bélgica y la UNAM, en México, reunió los ensayos clínicos que probaron intervenciones para mejorar estas funciones en niños y adolescentes con lesión cerebral. Incluyeron 23 estudios con 970 participantes de 5 a 15 años. Las intervenciones eran variadas: programas para padres, resolución de problemas en familia (varios en línea), entrenamiento de la memoria por computadora y entrenamiento metacognitivo, entre otras. Uno de los programas para padres se probó con familias en México.

¿Qué se encontró?

Casi ningún estudio, por sí solo, encontró una mejoría estadísticamente clara, porque cada uno tenía pocos participantes. Al combinarlos, el resultado fue claro: las intervenciones sí mejoran las funciones ejecutivas, con un efecto moderado.

65 de 100

En promedio, un niño que recibió intervención terminó mejor que alrededor de 65 de cada 100 niños que no la recibieron.

Es un efecto real, aunque no milagroso. Además, las mejoras se mantuvieron cuando los niños se volvieron a evaluar meses después.

Qué se relacionó con mejores resultados y qué no marcó diferencia

Más mejoría

  • Que los padres participaran en la intervención
  • Incluir niños con lesiones no traumáticasTumores, infartos cerebrales o infecciones, frente a solo golpes y accidentes

No marcó diferencia

  • La edad del niñoEntre 5 y 15 años
  • El número de sesiones
  • Trabajar lo emocional o lo cognitivo
  • Medir al terminar o meses despuésLas mejoras se mantuvieron

Una advertencia: los estudios de menor calidad mostraron mejorías más grandes. El efecto real podría ser algo menor que el promedio.

El hallazgo más útil para las familias es el papel de los padres. Muchos de los programas enseñaban a las familias a establecer rutinas, dar instrucciones claras, comunicarse mejor, afrontar el estrés y entender el proceso de recuperación. Los autores lo explican así: los padres están presentes todos los días y pueden ayudar a practicar estas habilidades en situaciones reales.

Las mejorías también fueron mayores en los estudios que incluían niños con lesiones no traumáticas. Los autores proponen que los traumatismos suelen causar daño más difuso en el cerebro, lo que puede hacer más difícil la recuperación.

¿Qué significa para tu familia?

Involúcrate

  • Si tu hijo recibe rehabilitación, pregunta cómo puedes participar y qué practicar en casa.
  • Rutinas estables e instrucciones claras y cortas son parte del tratamiento, no un extra.

Ten expectativas realistas

  • Las mejorías suelen ser graduales y moderadas, pero se mantienen.
  • Compara a tu hijo con él mismo a lo largo del tiempo, no con otros niños.

Pregunta por la evidencia

  • Antes de elegir un programa o una app, pregunta si se ha probado en ensayos clínicos con niños con lesión cerebral.
  • Desconfía de las promesas de cambios rápidos o espectaculares.

La recuperación no ocurre solo en el consultorio: ocurre en casa, todos los días.

¿Qué no dice este estudio?

  • No dice qué programa es el mejor. Combinó intervenciones muy distintas; el resultado habla del promedio, no de cada una.
  • Los estudios de menor calidad mostraron efectos más grandes, así que el beneficio real podría ser algo menor.
  • En muchos estudios, los mismos papás que participaron reportaron los resultados. Eso puede hacer que la mejoría parezca mayor.
  • Varios de los análisis provienen de un mismo programa y grupo de investigación.
  • Casi no hubo estudios con niños menores de 5 años, y no se evaluó si las mejoras se reflejan en la escuela.

Fuente: Chavez Arana, C., van IJzendoorn, M. H., Serrano-Juarez, C. A., de Pauw, S. S. W., & Prinzie, P. (2024). Interventions to improve executive functions in children and adolescents with acquired brain injury: A systematic review and multilevel meta-analysis. Child Neuropsychology, 30(1), 164–187. doi.org/10.1080/09297049.2023.2172150 (acceso abierto, en inglés).

Este contenido es informativo y no sustituye una valoración profesional.

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