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TDAH

Mapeo cerebral, resonancia, prueba de ADN: ¿algún estudio puede diagnosticar el TDAH?

Las revisiones de cientos de estudios sobre electroencefalograma, resonancia, genes y epigenética encuentran diferencias de grupo, pero poco constantes de un estudio a otro. Ninguno de estos estudios sirve hoy para decirle a una familia si su hijo tiene TDAH.

¿Qué se estudió?

Si algo que se pueda medir en el cerebro o en el ADN (las ondas del electroencefalograma, la resonancia magnética, los genes y las marcas que regulan cómo se usan los genes) distingue a los niños con TDAH de los que no lo tienen, y si eso sirve para diagnosticar a un niño en particular.

¿Qué se encontró?

Electroencefalograma (EEG). Durante años se propuso que la razón entre dos tipos de ondas, llamada theta/beta, servía como marcador. Los primeros estudios reportaron más de 90 % de aciertos y en 2013 la agencia de medicamentos de Estados Unidos (FDA) autorizó un sistema basado en ella como ayuda al diagnóstico, no como prueba única. Después, el estudio más grande no encontró relación con el TDAH, y el efecto de los estudios fue haciéndose menor con los años porque, según la revisión, la razón subió en los grupos de comparación. Además, la razón identificó mejor la edad del niño que el TDAH.

La razón theta/beta del EEG: ¿identifica mejor la edad o el TDAH?

Identificar la edad del niño
96.5%
Identificar si tiene TDAH
55%

Precisión máxima reportada en los estudios que cita la revisión (Buyck y Wiersema, 2014; Liechti y cols., 2013). Las barras van de 0 a 100 %. Con la edad, las ondas lentas disminuyen y las rápidas aumentan, y eso pesa más en la razón theta/beta que el TDAH.

Además:

  • Respuesta eléctrica a un estímulo. El hallazgo más repetido es una onda (llamada P3) más pequeña y más lenta, en promedio, cuando hay que frenar una respuesta. Es una diferencia de grupo. En otro estudio grande, cinco patrones distintos de EEG aparecieron en la misma proporción en niños con y sin TDAH. Los autores de la revisión resumen que hay “evidencia limitada de alteraciones universales”, aunque sí patrones consistentes, sobre todo en la onda P3.
  • Resonancia magnética. Lo más repetido es una menor “coherencia” de las fibras que conectan los dos hemisferios (el cuerpo calloso). En conectividad funcional, un metaanálisis amplio (30 estudios, unas 1,100 personas con TDAH y 900 sin él) no encontró ninguna zona del cerebro donde los resultados coincidan; solo al dejar de distinguir entre más y menos conectividad apareció una región del lóbulo temporal izquierdo. Otros dos metaanálisis, con menos estudios, sí encontraron alteraciones comunes. Influyen las muestras pequeñas, el movimiento de la cabeza dentro del escáner (que puede crear diferencias que no son reales) y que los niños con TDAH difieren de la norma de maneras distintas entre sí. Una revisión reciente concluye que la conectividad cerebral ha aportado “pocos hallazgos clínicamente útiles” hasta hoy.
  • Clasificar con computadora. En los intentos de reconocer a las personas con TDAH a partir de estos datos, un metaanálisis encontró que la precisión parece inflada cuando las muestras son pequeñas y no se toma en cuenta lo distintos que son entre sí los niños con TDAH.
  • Genética. En el mayor estudio (más de 55,000 personas), las variantes comunes en conjunto explican alrededor de 22 % de las diferencias entre personas, y el “puntaje de riesgo” que las suma explica alrededor de 5.5 % de las diferencias en quién recibe el diagnóstico. Hoy no se recomienda una prueba genética de rutina para el TDAH.
  • Epigenética. El mayor estudio (4,689 personas) no encontró ninguna marca significativa. Los hallazgos más repetidos tampoco se replican en todos los estudios.
  • Lo que sí aporta una evaluación. El diagnóstico se hace con la historia, entrevistas con los padres y los maestros y cuestionarios. Las pruebas neuropsicológicas ayudan a conocer el perfil cognitivo, las funciones ejecutivas y los problemas de aprendizaje, y a descubrir otras condiciones.

¿Qué significa para tu familia?

Si te ofrecen uno

  • Si te ofrecen un mapeo cerebral, una resonancia o una prueba de ADN como forma de saber si tu hijo tiene TDAH, la evidencia actual no los respalda como prueba.
  • Un resultado “normal” no lo descarta y uno “alterado” no lo confirma.

Preguntas útiles antes de pagar

  • ¿Qué decisión cambiaría con el resultado?
  • ¿Se comparó con niños de la misma edad? ¿Hay estudios independientes que lo respalden?

Lo que sí vale la pena

  • Una evaluación completa, con informes de la casa y de la escuela.
  • Si un médico pide un EEG o una resonancia por otra sospecha de salud, es otra razón y es una decisión suya.

Un resultado de grupo, como una onda más lenta o una conexión más débil, describe a un grupo de niños: no le dice a una familia si su hijo tiene TDAH.

¿Qué no dicen estas revisiones?

  • No dicen que el TDAH “no sea biológico”: hay diferencias de grupo en el cerebro y una heredabilidad alta (ver ¿Es hereditario?). Lo que no existe es una prueba para un niño en particular.
  • No descartan que aparezcan pruebas útiles en el futuro. Los autores piden estudios más grandes, probados en personas distintas de las que los originaron.
  • El sistema autorizado por la FDA se presenta como ayuda, no como prueba única: sus propios creadores recomiendan usarlo junto con la evaluación habitual, y la revisión pide más estudios que lo validen.
  • Casi todo viene de comparar grupos en un solo momento, con muestras pequeñas; los resultados de grupo no se traducen en una decisión para un niño.

Fuentes: Leffa, D. T., Caye, A., & Rohde, L. A. (2022). ADHD in children and adults: diagnosis and prognosis. Current Topics in Behavioral Neurosciences, 57, 1–18. doi.org/10.1007/7854_2022_329
McLoughlin, G., Gyurkovics, M., & Aydin, Ü. (2022). What has been learned from using EEG methods in research of ADHD? Current Topics in Behavioral Neurosciences, 57, 415–444. doi.org/10.1007/7854_2022_344
González-Madruga, K., Staginnus, M., & Fairchild, G. (2022). Alterations in structural and functional connectivity in ADHD: implications for theories of ADHD. Current Topics in Behavioral Neurosciences, 57, 445–482. doi.org/10.1007/7854_2022_345
Langley, K., Martin, J., & Thapar, A. (2022). Genetics of attention-deficit hyperactivity disorder. Current Topics in Behavioral Neurosciences, 57, 243–268. doi.org/10.1007/7854_2022_338
Silk, T., Dipnall, L., Wong, Y. T., & Craig, J. M. (2022). Epigenetics and ADHD. Current Topics in Behavioral Neurosciences, 57, 269–290. doi.org/10.1007/7854_2022_339 (en inglés).

Este contenido es informativo y no sustituye una valoración profesional.

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