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TDAH

Fácil de tratar, difícil de tratar bien: cómo es un buen ajuste del medicamento

Una revisión de 2022 resume el reto de los medicamentos para el TDAH en una frase: son fáciles de recetar y difíciles de ajustar bien. Qué suele implicar un buen ajuste y qué evidencia lo respalda.

¿Qué se estudió?

Qué tan bien funcionan los medicamentos para el TDAH, cómo se decide cuál usar y qué hace falta para que funcionen bien en la vida diaria y no solo en un ensayo clínico. La red de metaanálisis reunió 81 ensayos con 10,068 niños y adolescentes, de hasta unas 12 semanas de duración.

¿Qué se encontró?

Los estimulantes (metilfenidato y derivados de anfetamina) fueron los que más redujeron los síntomas. Los no estimulantes también ayudan, algo menos. Pero lo que más repite el autor de una de las revisiones es que medicar es “fácil” y ajustar bien es lo difícil. Esto es lo que se describe como un buen ajuste:

Un buen ajuste, en tres pasos que se repiten

Probar y ajustar poco a pocoNo se puede saber de antemano cuál tipo de estimulante le irá mejor a cada persona; el autor cita que cerca de 7 de cada 10 responden a cada tipo. Por eso se prueba y se ajusta.Cifras que cita el autor de la revisión
Medir en cada consultaCuestionarios de síntomas de casa y de la escuela, cómo va el día completo y talla, peso, presión y pulso.Un servicio clínico y las guías
Revisar y, si hace falta, cambiarSi el primer tipo no funciona o no se tolera, se suele probar el otro tipo de estimulante. Cambiar no es un fracaso.Opinión del autor de la revisión

Esquema para ordenar lo que cuenta el texto; no son datos de un estudio.

  • Es un proceso de prueba y ajuste. No hay forma de saber de antemano cuál le irá mejor a cada persona. Según el autor de la revisión, que cita estudios sin detallarlos, alrededor de 7 de cada 10 responden bien a un tipo de estimulante, 7 de cada 10 al otro, y entre 90 y 95 % a uno u otro. Si el primero no funciona o no se tolera, recomienda probar el otro tipo de estimulante antes de descartar el grupo. Cambiar no es un fracaso.
  • Medir ayuda. En un servicio clínico del Reino Unido que usaba un cuestionario de síntomas en cada consulta para decidir los ajustes, la proporción de pacientes en remisión pasó de 44 % a 67 % y se mantuvo hasta 10 años después. Es una comparación de antes y después en un mismo equipo, sin grupo de comparación. Se parece al protocolo del gran estudio MTA, que a los 14 meses superó a la medicación en la atención habitual: ajuste cuidadoso, seguimiento frecuente y decisiones con información de la familia y de la escuela. Parte de la diferencia también se debió a dosis algo mayores y a tres tomas al día en lugar de dos.
  • Conviene revisar el día completo: la mañana, la tarea de la tarde, la noche. Existe una escala breve para identificar qué horas no quedan cubiertas.
  • Mejorar los síntomas no es mejorar todo. La atención en pruebas, la calidad de vida y el funcionamiento diario mejoran en parte por separado, y la calidad de vida mejora menos que los síntomas.
  • Medir también el cuerpo. Todas las guías piden medir talla, peso, presión y pulso de forma rutinaria. Con el uso prolongado desde la infancia, la estatura podría quedar unos 2 centímetros por debajo de lo esperado; otra revisión del mismo libro describe la diferencia como pequeña y que se resuelve al suspender el medicamento.
  • A largo plazo se sabe menos. La ventaja del protocolo del MTA se había disipado a los 3 años, no hay ensayos largos con placebo y el propio autor reconoce que los datos de seguridad a largo plazo “están lejos de ser adecuados”, aunque los registros de población son tranquilizadores.

¿Qué significa para tu familia?

Que un buen ajuste es un proceso con varias consultas, no una receta única.

Llegar preparado a la consulta

  • Lleva información concreta: cuestionarios de casa y de la escuela, cómo va la tarea por la tarde, el sueño y el apetito.
  • Pregunta quién mide talla, peso, presión y pulso, y cada cuánto.

Después del primer alivio

  • Si el alivio inicial es grande, pregunta de todos modos qué sigue: cómo van las tareas, las amistades y el ánimo.
  • Mantén los apoyos de casa y de la escuela: el medicamento ayuda a enfocarse, pero las habilidades se construyen.

Si tienes dudas

  • Si hay efectos que te preocupan o dudas sobre el medicamento, habla de ello con el médico que lo indica.
  • La decisión de usar o no un medicamento, y cómo, es de la familia junto con ese médico.

Como lo resume el autor de una de las revisiones: las pastillas no enseñan habilidades.

¿Qué no dice esta revisión?

  • No es una guía de dosis ni dice qué medicamento le conviene a tu hijo.
  • Los ensayos duran pocas semanas; el efecto a varios años se conoce menos.
  • La mejora de 44 % a 67 % viene de un solo servicio, sin grupo de comparación.
  • Las cifras de 7 y de 9 de cada 10 las cita el autor sin detallar los estudios, y él mismo declara estar a favor de estos medicamentos y ser coautor de algunos de los estudios que resume.
  • No dice que todos los niños necesiten medicación: en preescolares y en casos leves se empieza con otras medidas, como explica la guía de TDAH.

Fuentes: Coghill, D. (2022). The benefits and limitations of stimulants in treating ADHD. Current Topics in Behavioral Neurosciences, 57, 51–78. doi.org/10.1007/7854_2022_331
Groom, M. J., & Cortese, S. (2022). Current pharmacological treatments for ADHD. Current Topics in Behavioral Neurosciences, 57, 19–50. doi.org/10.1007/7854_2022_330
Cortese, S., et al. (2018). Comparative efficacy and tolerability of medications for attention-deficit hyperactivity disorder in children, adolescents, and adults: a systematic review and network meta-analysis. The Lancet Psychiatry, 5(9), 727–738. doi.org/10.1016/S2215-0366(18)30269-4 (en inglés).

Este contenido es informativo y no sustituye una valoración profesional.

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